Capítulo 7: Antorcha Aflictiva

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Sin enterarse de la inminente bifurcación de sendas que su futuro yo había pronosticado para sus cofrades, Mads se puso a buscar la ametralladora que Latrommi gentilmente le había obsequiado una hora antes. Creía que el fatal fin de Foxtrot era un hecho. Nadie más iba armado y estaba seguro de haber visto a sus acérrimos rivales rodeándolos minutos antes. Tenía la urgente necesidad de proteger a sus aliados.

“¡Dejémoslo para después!” – exclamó Sartus mientras derribaba a Mads.

Malvolia colocó una funda sobre la testa del futuro viajero y todos lo golpearon por culpa de la teoría que iba a desarrollar después. Cada puntapié fue en nombre del método científico. Había sido su propia petición y estaban seguros que algún día comprendería la finalidad de la metodología empleada. Se trataba de un auto-secuestro. Su misión iba a ser exitosa, pero faltaba mucho tiempo para que supiera que existía. Cierta responsabilidad descansaba sobre sus hombros y tenía que aprender a confiar en sus instintos. Técnicamente nunca se equivocaba, todos sus errores eran aciertos.

Ignoraba que estaba destinado a propiciar que pedazos de papel y tinta de todos los colores controlaran a las masas con finalidades 100% dramáticas. Alguien tenía que asegurarse de que el número de conflictos a los que se enfrentara el ciudadano común fuera grande. ¿Cuántos pretextos había para comportarse como un cretino hacia los semejantes? El planeta entero era un horno donde se cocinaban las mentes que habitarían el paradisíaco mundo post-mortem. En la superficie de este particular planeta infernal abundaban las parejas formadas por mujeres heterosexuales y hombres homosexuales en negación y no era casualidad. Cuando descubrió que los seres humanos heredan la orientación sexual del progenitor de sexo opuesto, tuvo que ir al pasado a formar una tribu donde hubiera lesbianas y hombres heterosexuales. No podían ser numerosos en la sociedad que él recordaba. El caldo de cultivo seguía parámetros fácilmente controlables por alguien que pudiera ir atrás en el tiempo a impedir que abundaran los suyos. Pudo haberles dado instrucciones simples para que la vida antes de la muerte fuera ideal. Las parejas de heterosexuales siempre tendrían hijos homosexuales y las parejas homosexuales siempre tendrían hijos heterosexuales. Sin embargo, esta idea a hora tan temprana hubiera destruido a las personas que él recordaba y no pudo ahorrarles el martirio, pues sin ellos no habría a quién martirizar. La teoría del no-odio había sido posible gracias al entorno y esto incluye los tabúes impuestos para prevenir epidemias. Era difícil conseguir que los present tensers se identificaran y aceptaran. Comprendía la situación y nunca quiso dañar por dañar. Las múltiples contribuciones de todos los que alguna vez lo rodearon siempre fueron útiles. El crédito era de todos y de nadie. Se le habían acabado los enemigos y sus decisiones fueron hechas con la intención de que la sociedad resultara la sociedad.

A pesar de todo, la reacción de Mads del presente de entonces fue de ojeriza instantánea. Especialmente hacia Sartus y Malvolia. ¿Cómo era moralmente permisible que lo traicionaran después de tantas aventuras? No era posible que estuvieran atacándolo todos al mismo tiempo. Partida de traidores. ¿Se había equivocado y alguien más lo había capturado?

Le quitaron las ataduras y Mads comprobó la gran firmeza del suelo del “laboratorio” cuando lo arrojaron al interior. La puerta se cerró inmediatamente y en sus profundidades giraron muchos cerrojos. Era muy importante que se identificara con 39 y crearan la alianza que eventualmente les daría poderes a ambos.

“Bienvenido a mis dominios” – dijo 39 con estupefacción y buena pronunciación desde la colina central de su hábitat/laboratorio. Este homínido se le había aparecido desde el futuro varias noches antes pidiéndole que dijera “Bienvenido a mis dominios” cuando lo trajeran sus socios y no había alcanzado a explicar por qué, pero había mencionado algo acerca de no odiar a nadie.

Sin la aparición anticipada, no hubiera reaccionado con tanta tranquilidad. Mads no se dio cuenta que 39 no era un homo-sapiens sapiens; estaba muy ocupado odiándolos a todos por cualquier razón imaginable, como las formas de sus cráneos o lo monumental de sus estupideces. Ignoraba que estaba dándoles razones suficientes a los microorganismos para crear lo que después denominaría “infestación fraternal”, debido a la clara relación causal entre el odio y la presentación de síntomas patológicos. La verdad era increíble. Era difícil convencer al paciente que cualquier cosa se curaría si hacía un esfuerzo consciente por nunca volver a utilizar su gran habilidad para odiar. Sabía de muy buena fuente que la vida no termina verdaderamente al morir.

“¿En dónde estamos?” – preguntó Mads, inspeccionando las instalaciones.

“En mis do-mi-nios” – puntualizó 39, como si no le acabara de decir segundos antes.

Conforme avanzaba el tiempo, Mads pudo percatarse que 39 era un gorila sapiente con sorprendentes habilidades lingüísticas. Se le olvidó momentáneamente la tirria que estaba haciendo ebullición en su putamen derecho.

“¡Estoy hablando con un gorila!” – Mads profirió mientras se sujetaba los lados de la cabeza, no podía creer que fuera posible.

Mientras tanto en la superficie, Foxtrot sans Mads emprendía el viaje de regreso a la oscuridad de sus dormitorios. Sabían que habían puesto a Mads en el lugar indicado y eventualmente conocerían más detalles acerca del futuro.

Iknotl se detuvo de repente y los otros supieron de qué se trataba. Habían dejado asuntos pendientes y no resolverlos iba en contra del consejo que su amigo les había traído desde el futuro.

“La verdad ni siquiera me gustan las mujeres. A mí me gusta todo lo que tenga verga. Bueno, no me gusta; me encanta. Lo mío es la candente acción de varón sobre varón y espero que no se burlen. Sin embargo, tendremos que seguir jugando a los heterosexuales en frente de Mads, y parece que va a estar encerrado un tiempo. Supongo que están decepcionados” – dijo Iknotl con lágrimas en sus ojos, incrédulo de estar compartiendo sus preferencias en frente de los desquiciados como si nada.

“¡Claro que no! Yo iba a decir lo mismo” – agregó Sartus estupefacto.

“¡¿Qué?!” – preguntó Malvolia esperando que fuera una broma o algo por el estilo. Cuando Sartus e Iknotl intercambiaron una mirada, el corazón de Malvolia casi se rompió; no iba a tomar en serio a alguien que no la deseara verdaderamente.

“Mejor que haya dos locas y no una” – dijo Sartus con un tono extravagante, pensando que era absurdo avergonzarse de ser hijo de una mujer heterosexual.

“¿Dos? Somos cinco – contestó Iknotl mirando a sus compañeras.

“Estoy orgullosísima de ustedes” – dijo Latrommi con calidez sin precedentes.

“Eso significa que Mads…” – Ulrika empezó a enunciar.

“No te pertenece” – contestaron Malvolia y Latrommi al mismo tiempo.

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