Capítulo 9: Paseo Nocturno

drive north-c“Después de la chacaliza, los despiadados me trajeron aquí y se quedaron con MIS cosas. ¡Partida de cretinos engreídos!” – dijo Mads con las manos empuñadas y algo de saliva espumosa en la boca, víctima de todo el odio que estaba concibiendo en su interior. Había pasado una semana y seguía soñando con salir de la abominable mazmorra conocida como Instituto Ω. Podía sentir las ondas de energía maligna emanando de su mediastino y no se imaginaba que perpetraba el único pecado posible. Era inevitable impregnarse de hostilidad al pensar en cosas que le gustaba aborrecer. Con cada oleada de pensamientos y sentimientos viles, algunas neuronas – en el hemisferio de la mano siniestra – secretaban minúsculas cantidades de una sustancia desconocida que estaba erosionando la limitada paciencia del universo. Aunque amara tantas cosas, cuando generaba odio todo se opacaba y nada más importaba.

“¿Qué es cretino?” – preguntó 39, observando a Mads.

“Alguien estúpido. Un día de éstos vas a saber por qué siempre he dicho que soy de los chingones de por aquí” – dijo Mads haciendo alarde de sus supuestas habilidades.

“¿Y por qué te trajeron?” – 39 quería escuchar a Mads razonar en voz alta. Nunca mentía.

“No sé ¡Odio que no me hayan explicado nada! Me regocijaré cuando mi venganza abrasadora consuma sus restos” – reportó el horriblemente honesto Mads con sus brazos cruzados.

Con todo y verbosidad Mads guardaba cierta distancia de 39, el cual por imitación estaba hallándole lo divertido a amedrentar mentalidades mentecatas y le atizaba un porrazo si lo veía triste. Entonces, los sistemas mecatrónicos de la puerta estimularon sus membranas timpánicas.

“¿Escuchaste eso?” – preguntó Mads volteando hacia la puerta, el metálico croar de los mecanismos centrales encendió sus esperanzas de escapar.

Para su sorpresa, Ruggam descendió frente a los presos y Mads interpretó su llegada como un claro signo de que su situación empeoraba. Se cubrió el ojo derecho con la palma de la mano ipsilateral mientras se imaginaba lo que le iba a pasar. Se rumoraba que sacrificaban a todos los agentes que eran considerados no aptos.

“Híjole, ya valió verga” – dijo Mads en voz baja cuando alcanzó a ver que Ruggam llevaba puesta una armadura extraña. Un secreto festejo triunfal de 39 dio inicio; pasar tanto tiempo con Mads lo había hecho un poco perverso y no se opondría si alguien intentaba mutilar a su huésped.

“Ya te la pelaste pendejo” – dijo 39 contento, seguro de haber empleado correctamente la terminología de Mads, el cual estaba esperando que un agente externo milagrosamente interviniera a su favor ¿morir luchando? ¿Era un oponente suficientemente fuerte? ¿Qué podía hacer contra el repugnante Ruggam y su exoesqueleto eléctrico?

Para fortuna de Mads, Ruggam había tomado la decisión de dejar una huella positiva en la memoria colectiva de sus conocidos y había facilitado la situación cuando Ulrika lo sugirió. Foxtrot había enviado una caja con golosinas y notas.

“¡Nos trajeron algo!” – exclamó Mads al identificar la insignia en la caja que sostenía Ruggam.

“¿Nos?” – preguntó 39; sorprendido de haber sido incluido. Los científicos no lo trataban con igualdad.

“Sí, es el escudo de la bandera que mis aliados y yo usamos para distinguirnos de las otras colectividades. Tal vez se trate de una prueba secreta. ¡No van a creerlo cuando te conozcan!” – la felicidad de Mads se intensificaba mientras se convencía de que no se trataba de una trampa.

“Tienes mucha suerte” – dijo Ruggam haciendo lo único que podía hacer; Mads y 39 tenían que completar las misiones que habían sido diseñadas para ellos.

“¿Qué tan rápido pueden correr? Dejaremos la caja aquí mientras regresamos, emprenderemos un viaje corto” – Ruggam no tenía tiempo ni podía darles demasiada información.

Lo siguieron a través de varios pasillos y elevadores. Su espíritu aventurero estaba a sus anchas. Llegaron a uno de los estacionamientos subterráneos y siguieron a Ruggam hasta una camioneta de pasajeros. Todos los adolescentes que Ruggam conocía adoraban conducir y Mads no era la excepción.

“¿Crees que puedas manejar?” – Ruggam le preguntó a Mads. Estaba ayudándole a producir una conclusión filosófica que le permitiría viajar a través del portal que sus ancestros habían construido. La Sociedad Anónima estaba actuando de acuerdo a las profecías; conseguir que el viajero empezara a utilizar su habilidad especial era su única tarea.

“¡Por supuesto!” – Mads arrebató la llave de ignición de sus manos y se dirigió a la puerta del conductor. Después de haber pasado tantas horas en las pistas se consideraba capacitado para la tarea. Puso la máquina en movimiento y se alejaron del instituto y su iluminación de neón a una velocidad constante.

39 no podía expresar toda la gratitud que sentía, parecía que confiaban en él. Estaba pensando qué palabras usar pero no las encontró. En silencio recordaba cada viaje que había hecho en su vida y en ninguna de las ocasiones había sido sin ataduras. Sus traslados acostumbraban ser dentro de contenedores y nunca podía ver el cielo.

“No hay que volver, vivamos en esta ranfla” – Mads comentó y 39 dio un rugido de aprobación.

“Tus compañeros ya fueron evaluados y quiero elegir al mejor conductor que Foxtrot pueda tener. Pronto entenderás que era la única manera de integrar a 39 a la brigada” – Ruggam ya había hablado con Mads del futuro y le sorprendió haber sido una influencia tan benéfica.

“Eso sería magnífico; sin embargo, ningún otro equipo tiene un integrante de otra especie ¿No va contra las reglas?” – Mads no se imaginaba de qué se trataba.

“Técnicamente el proyecto sigue estando en fase observacional. Creemos que 39 podría aprender de nuestra cultura al interactuar con uno de los nuestros en su hábitat. Debes ayudarnos a comprobar que sería un soldado eficiente. Si tuviéramos un elemento como él en la unidad, nuestra versatilidad combativa crecería. Algún día se familiarizará con nuestras herramientas de trabajo y espero que siga la ideología más prudente – Ruggam tenía razones confidenciales para crear un escuadrón inquebrantable; sólo el tiempo comprobaría si su propósito prosperaría.

Una vez estuvieron de regreso, Mads pudo explorar los contenidos de la caja y 39 pudo degustar manjares que nunca le habían dado por considerarlos innecesarios en su dieta. Mads contestó las notas y su odio no volvió a aparecer esa noche.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en EL LUGAR DEL QUE TE HABLÉ. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s